El Andurrial


El polvo blanco y el oro negro
abril 22, 2007, 10:45 am
Filed under: Izquierda latino americana

Por Jaime Ruiz (invitado)


Antes de que el narcotráfico se enseñoreara de la sociedad colombiana hubo una clara hegemonía ideológica del sistema de valores que le permitiría imponerse. Para la inmensa mayoría de los colombianos educados en los años sesenta y setenta, el bienestar del país debía provenir de un precio «justo» de las materias primas que los estadounidenses nos «robaban» (por no haber gobiernos «dignos» que «lucharan» por el pueblo).

Ese discurso sigue siendo el que predomina en los sectores sociales que se conocen como izquierda democrática, tanto en sus organizaciones armadas como en las que operan dentro de la legalidad, que en algunos textos característicos son por completo indistinguibles, como en este escrito de William Ospina. (Se recomienda en especial, caso de que se siga el enlace, las alusiones a Chávez para ver el sentido rentista del discurso de esa facción). Lo que permitió el narcotráfico, es decir, que muchas personas se dedicaran a una industria criminal cuya rentabilidad se basa en la ilegalidad y el peligro, fue esa sensación generalizada de agravio respecto a la gente de los países desarrollados. Lo que hacía justificable ese rencor era el supuesto robo de los recursos naturales.

Y el problema es el sobreentendido que va dentro y que sólo con mucha obstinación se descubre. Salvador de Madariaga decía que en Bolívar coexistían la arrogancia del conquistador y el resentimiento del conquistado. Eso parece darse en casi todos los latinoamericanos. El sobreentendido no se nota porque, según las rutinas católicas en que viven los colombianos, la sed de justicia del pobre parece la manifestación misma del bien. No se ve que también hay un valor propio de los criollos y de los castellanos viejos: que no hace falta trabajar.

Coca y petróleo tienen eso en común, que el trabajo es mínimo en comparación con la rentabilidad. En el caso del mineral porque está en el territorio dominado por un Estado; en el de la droga, porque la prohibición multiplica el precio. Y cuando se piensa en la decadencia de un país como Irak se encuentra precisamente eso: la caída de la gallina de los huevos de oro en manos de una banda mafiosa eficazmente organizada. Sin esa riqueza Irak habría sufrido muchísimo menos. Y no menciono a Venezuela porque ese país aún no ha vivido completo su viacrucis.

Porque esas fuentes de riqueza sólo sirven para hacer más poderoso al que vive de la fuerza, del asesinato, del terror, del control paranoico, respecto del que trabaja. En última instancia la izquierda democrática es el partido de los que viven de rentas y las obtienen gracias a sus conexiones, es decir, gracias a su origen social. La organización que les provee esas rentas se puede llamar izquierda democrática como en Colombia o Estado bolivariano como en Venezuela, en uno y otro caso de lo que se trata es de repartir entre unos pocos el botín petrolero y de conservar el dominio de la máquina estatal para asegurarse esos ingresos.

Por eso es ocioso desesperarse ante Chávez y atribuirle singularidades psicológicas: fatalmente el petróleo cae en manos de mafiosos. Y por eso es inconcebible una renovación real de Colombia sin hacer frente a ese discurso de la educación pública: Colombia necesita que su población trabajadora pese más en la economía que la suma de petróleo y cocaína. Por eso es tan necesario que el gobierno implante medidas que favorezcan la creación y expansión de las empresas y la contratación laboral, porque los países realmente ricos y respetados son aquellos que no tienen otras fuentes milagrosas de renta que el trabajo concienzudo de su población: Japón, Corea del Sur, Suiza.

Ésa es la diferencia entre la población que muestra benevolencia ante el gobierno de Uribe y la minoría que quiere que se dé poder a los secuestradores. Entre la derecha y la izquierda democrática. En el primer grupo está la gente que no tiene contactos para conseguir empleos estatales y que no ha encontrado otra fuente de ingreso que el trabajo. En el segundo están los legalizadores que extrañamente se olvidan de que el programa de su partido exige que se necocien las leyes con una organización de narcotraficantes, como lo es las FARC.

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10 comentarios so far
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Supongo que esa negociación de las leyes también incluye la ley negociada con los paramilitares para legalizarles las 4 millones de hectáreas que se robaron matando a sus dueños en mayoría minifundistas y pequeños propietarios.

Buen artículo, Ruiz, mucho menos venenoso que los que normalmente escribes aunque debo discrepar contigo en algo: no ser uribista no significa estar de acuerdo con los secuestradores. Yo no soy uribista y rechazo tajantemente el secuestro en parte por sentido común y en parte porque lo he vivido en mi familia de primer grado dos veces. No ser uribista es algo muy diferente a ser terrorista. No existen sólo dos caras de la moneda: o terrorista o uribista. Las cosas tienen matices aunque usted no los pueda ver.

Comentario por Bilioso

Bilioso, nadie dice que se deba ser uribista. Yo creo que Uribe ha sido un buen presidente por haber hecho frente a las guerrillas y haber desmovilizado a los paramilitares y por generar crecimiento económico, pero si fuera por no ser uribista yo tampoco soy uribista, no me gusta un gobierno que no se ha marcado como prioridad acabar con la parafiscalidad ni con los subsidios a los ricos y que demoró la negociación del TLC para defender a unos gremios más bien parasitarios.

Sencillamente entre los que votamos por Uribe habría una mayoría de no uribistas de no ser porque en 2002 todos los demás candidatos querían negociar las leyes con las FARC y porque en 2006 lo proponían los dos candidatos que podrían haber pasado a una segunda vuelta. El uribismo es puramente reactivo, puede que a la mayoría de los colombianos les caiga mal el paisa obstinado y de lenguaje brutal, pero lo apoyan porque es el que ha liderado la recuperación de los indicadores de violencia.

Y sólo hay dos caminos, o en estos años hay aún menos homicidios y secuestros, o hay muchísimos más. O se fuerza a las FARC a negociar (para quedar impunes y ricos, pero sobre todo vivos y libres), o se les permite recuperarse y relanzar su guerra civil. Que eso es lo que pretende la llamada izquierda democrática es algo que debería preguntarse cada uno.

Sin duda ha habido y no debe haber complicidades de militares y policías con asesinos ligados al narcotráfico y a mafias políticas locales. Una cosa es estar contra todo eso y contra cualquier abuso y cualquier forma de guerra sucia y otra apoyar al PDA que pide una negociación política y un canje que implicaría reconocimiento político, despeje y recomposición de la guerrilla.

La guerrilla es menos amenazante porque a sus miembros les interesa vivir y quedar, como ya dije, impunes, libres, ricos. Pero a los intelectuales de la izquierda democrática les da igual que esos niños y jóvenes mueran, lo que esperan es ocupar ministerios y embajadas, ojalá de forma vitalicia.

Comentario por Jaime Ruiz

Entonces hablamos casi el mismo idioma, Jaime. Sólo podría discrepar en dos cosas de su respuesta:

La primera es que considero que el TLC, al menos para el sector agropecuario, es devastador.

Y la segunda es que soy amigo de la solución negociada del conflicto armado. Yo no creo que la guerrilla terrorista de las FARC pueda ser derrotada por la vía armada y menos hoy que se encuentran muy bien armados y con todos los millones del narcotráfico. Yo creo que lo mejor sería concederle a las guerrillas unos espacios políticos que igual no van a poder ocupar porque el rechazo de la población es inmenso pero el ejercicio sería interesante.

Comentario por Bilioso

El sector agropecuario es el que más futuro tiene en Colombia cuando se explote la agricultura tropical para exportar a Oriente. Con el TLC puede que ciertos sectores productores de hidratos de carbono se debiliten, pero con todo las ventajas de los agricultores nacionales frente a los extranjeros es muy grande. Ojalá pensaran en producir más quesos y menos maíz.

Y la solución negociada con las FARC es un pretexto para atacar más y hacer bajar la guardia a la sociedad. De momento las han desterrado de departamentos como Cundinamarca, Boyacá, Santander y otros. Su retroceso respecto a 2002 es impresionante. Y faltan unos años más de presión para que empiecen las deserciones y los intentos de buscar salidas individuales con la plata del narcotráfico. Lo que fracasó para siempre fue la idea de premiarlas. Lo habrían conseguido todo con Pastrana y sólo buscaron escalar la guerra.

Comentario por Jaime Ruiz

Pues Jaime le puedo decir con pleno conocimiento de causa que a las FARC no las han sacado ni de Santander del sur ni de Santander del norte. Lo digo porque lo veo, que las FARC tienen una presencia muy fuerte en Galan, La Fuente, Simacota, Valle de San José, Charalá y Capitanejo. Sin hablar por supuesto del Magdalena Medio específicamente en Cimitarra donde comanda un tal “Marrano” al que supuestamente capturaron y extraditaron y resulta que fue un inocente al que enviaron y los gringos lo devolvieron.

Yo no entiendo por qué la gente que no está en contacto con el campo puede hablar de la presencia guerrillera o paramilitar en determinadas zonas. Hablan con las cifras del gobierno pero no se toman la molestia de ir a ver cómo están las cosas. Por ejemplo el Guaviare. Cualquier persona que vea los noticieros dice que en el Guaviare manda el estado pero si fueran al Retorno o a Calamar verían que los guerrilleros andan a sus anchas con camuflado y en sus camperos y el ejército nunca sale de sus bases salvo en el casco urbano de San José. Más allá no van.

Lo mismo podemos decir de la desmovilización de los paramilitares. Me da risa ir a San Martin Cesar y encontrar que las ACSUC que comandaba Juancho Prada se encuentran intactas y haciendo la misma presencia que hacían antes, igualmente armados y patrullando la zona en motos y camperos. No ha cambiado nada. Entonces, ¿de cuál desmovilización hablan? Lo que le estoy diciendo lo digo porque lo veo con frecuencia y escucho a los campesinos y por eso también sé que la guerrilla de Romaña sigue en el Sumapaz y que las bandas paramilitares siguen en Medellín ocupando los mismos espacios que han ocupado desde que desterraron al ELN de las comunas. Cuando a uno la realidad le entra vía radio-televisión y uno la recibe desde la comodidad de las capitales de departamento esa realidad suele ser muy diferente a la verdad que se vive en los sitios neuralgicos del país.

Tampoco entiendo cómo pueden decir que el campo colombiano está en condiciones de competir en los mercados internacionales. ¡Es que ni siquiera hay carreteras! Tampoco hay distritos de riego ni transferencia tecnológica y mucho menos inversión en mejoramiento genético. Yo no niego que nuestra posición geográfica es privilegiada pero para competir necesitamos mucho más que las bondades naturales; necesitamos capacitación, mecanización, investigación y no lo tenemos. Como ganadero le puedo decir que en ganadería de carne apenas un 2% de los hatos del país utilizan la inseminación artificial y en ganadería de leche ese porcentaje sube a un 4-6% y si hablamos de transferencia de embriones las cifras son mucho menos festivas. Y no es que no queramos hacer mejoramiento genético, es que no hay cómo hacerlo. Si usted mira un semen brasilero en Venezuela, digamos del toro Bazuah que es recordista mundial, esa pajilla de 10 millones de espermatozoides cuesta Bs. 9.000 y si la vamos a comprar en Colombia esa pajilla cuesta $ 160.000. ¿Se da cuenta? Lo correcto es que en estos países primero tecnifiquemos nuestros modos de producción y luego sí nos lancemos a competir en el extranjero porque como estamos en este momento sencillamente nos van a aplastar.

Ese es mi punto de vista basado en mi experiencia profesional y en mis vivencias personales.

Comentario por Bilioso

El problema de las críticas al TLC es que la gran mayoría no son debido a su contenido, aunque se excusen en eso. Las críticas surgen de uno de los peores defectos que tiene la sociedad colombiana; el facilismo y el sentir que tenemos a un estado que debe ser nuestra mamita. Para muchos el estado es el encargado de cuidarnos, consentirnos y dárnoslo todo.

Entonces los colombianos como buenos hijos consentidos no queremos salir a competir contra los que son “mejores”, sino que le pedimos a nuestra mamita que nos ayude, le decimos que es injusto competir contra alguien “mejor”. Vea, el TLC no cogió por sorpresa a nadie, todo el mundo sabía desde antes de Uribe que ese día iba a llegar; pero los que salieron a buscar cómo sacarle beneficio y a reorganizarse fueron pocos. Pero son esos pocos los que hoy en día quieren que se dé el TLC y se lo merecen, porque los demás se quedaron quietitos esperando que mamita estado los ayudara cuando llegara la fecha.

Es el mismo cuento de la famosa campaña esa de “colombiano compra colombiano”. Esa vaina siempre me supo a juego de mediocres. Claro es que se le está diciendo a los colombianos que no somos tan buenos entonces compremos producto nacional por caridad. ¿A cuenta de qué? El que quiera que le compren un producto pues desarrolle un producto de calidad y no se esconda bajo las faldas del estado que pide que le compren el producto chambón. Es que en Colombia hay muchas compañías que logran sacar productos de una excelente calidad y la única razón es porque de verdad le han metido la ficha a la cosa.

Para resumir la cosa el TLC puede que tenga puntos flojos o mal negociados; pero ahí no está la pelea de la mayoría. La pelea radica en esa teoría de “no nos ponga a competir contra lo monos porque ellos son más bonitos y más inteligentes”.

Comentario por Felipe

Bilioso, la diferencia es que en Colombia la mano de obra es diez veces más barata, la gasolina es mucho más barata, las cosas están mucho más cerca, etc. Todo eso que usted plantea es un asunto empresarial, no algo que deba resolver el Estado. Si la forma de remediar la desventaja tecnológica es poniendo a los pobres a pagar por el pan el triple de lo que vale, lo que se está haciendo es favorecer a unos ricos a costa de todos los demás.

Hay regiones colombianas que son muy apropiadas para cultivos con mucho futuro, como la caña que se usa en los biocombustibles y como muchos otros. Eso tiene mucho más sentido que competir con los estadounidenses (o no competir, poner protección) en la producción de trigo.

Las frutas tropicales pronto formarán parte de la dieta habitual de los chinos y aquellos que se las vendan tendrán una gran fuente de desarrollo. Eso ha pasado en Europa con los mangos y los aguacates y antes con los bananos. Pero las fuentes de prosperidad son muchas y desde mi punto de vista lo que permite encontrarlas es la libertad económica, la promoción de la empresa privada (no hay que hacer nada, sólo dejar de cobrar impuestos por contratar gente y dejar de poner peajes en forma de trámites para enriquecer a los mismos de siempre). Lo mismo pueden ser los ancianatos que el parapente o los servicios médicos. En el campo pueden aparecer infinidad de emprendedores que cultiven maderas preciosas o azafrán o que fabriquen quesos de cabra o dulces de zapote. Todo el problema es la determinación de mantener dominada a la sociedad por parte de una minoría que siempre la ha mantenido dominada.

Y respecto al TLC, ¿por qué no averigua la historia reciente de México? Se habla de Chile y de Costa Rica como países prósperos de la región, pero su población es mucho menor que la del norte de México, y su bienestar económico no es superior. Claro otras regiones de México siguen siendo miserable, pero eso no se remedia con un decreto.

Felipe, muy buen punto.

Comentario por Jaime Ruiz

Clap! Clap! clap! esto es dar un debate constructivo y serio, los felicito.

Ahora meto la cucharada, yo estoy en un negocio asociado al ramo de la construcción y lamentablemente desde la llegada de Cemex al país con sus estándares de calidad, las vigas y columnas de los edifcios en los que instalo mis equipos ya no sufren las patologías de concreto que sufrían con el cemento nacional, digo lamentablemente poruque eso demuestra lo regulares que eramos en las cementeras, a donde voy es que proteger cualquier empresa nacional del resto del mundo no solo es ir hacia atrás (recuerden como encontró el mundo a Rumania y a sus vecinos) sino que nos enseñaría que no somos capaces de progresar.
Mire todo el mundo dice que la plata paramilitar es la que está construyendo en el país, pero no es del todo cierto, los grandes capitales de la finca raíz de chile, y miami, estan llegando y si Uds. vieran las casas de los maestros y albañiles que trabajan en estas obras, han crecido, ya son de “material” (ladrillo y cemento) y no de cartón, sus familias estan afiliadas como beneficiarios al las eps, que sin ser la maravilla, al menos les vacunan los hijos.
El gran obstaculo de los constructores en colombia, es la pesima calidad de los materiales y acabados que se consiguen de las empresas nacionales, al abrir el mercado, vamos a cerecer tecnologicamante hablando, aunque sea haciendo ingeniería a la inversa, que es tomar un producto terminado y ver como se hizo para tratar de hacerlo aquí y de pronto, por que no, mejorarlo.
Eso no lo logra el estado, eso lo logra la empresa privada, siempre y cuando la dejen trabajar y deba medirse sin protecciones al mercado mundial.

Comentario por Gerente

Gerente que agradable verlo por acá.

Usted dice; “proteger cualquier empresa nacional del resto del mundo no solo es ir hacia atrás sino que nos enseñaría que no somos capaces de progresar”. No podría estar más de acuerdo con ud. Desde chiquitos nos han ido inculcando que no somos capaces de competir con las “super potencias”, que compremos colombiano…Esa mentalidad tiene que cambiar. Pero hay una rosca que no quiere que eso pase, porque si eso pasa la gente puede empezar a tener un mejor nivel de vida y para ellos sería lamentable no poder seguir manejando a esas clases tan fácilmente.

Interesante y reconfortante lo que ud dice sobre las casas de los maestros y albañiles y el servicio a la salud que están recibiendo sus familiares.

Es que a la empresa privada hay que sacarla de esa burbujita en la que queremos vivir en Latino América. Mandarlos al mundo como si fueran un hijo y en cierta forma ver cómo se las arreglan. Los gobiernos de turno deben llevar a cabo programas en los que se incite a los empresarios a producir productos en los que Colombia pueda tener una ventaja comparativa.

Saludos y gracias por sus comentarios.

Comentario por Felipe

Bueno, comparto todo lo que dice el Gerente, pero hay una cuestión pequeñita en la que vale la pena hacer énfasis. Es en apariencia una cuestión de lenguaje y filosófica, pero al final conduce a una cuestión importante en la vida de la gente.

Es el uso del “nosotros”. Si uno se pone en la piel del que bolea ladrillo ocho horas al día por 1.500 pesos resulta que por un esfuerzo equivalente le pagarían veinte veces más en EE UU. Sólo es cuestión de conseguir irse y en realidad si no se abre la economía lo que ocurrirá es que la gente encontrará muchos sitios para emigrar. Esa gente. Una persona más preparada también gana más pero muy raro sería el caso de ganar 20 veces más, incluso 5 veces más. Muy raro, por no hablar de la consideración social y de la exigencia del empleo.

El bracero y el ingeniero no tienen el mismo interés. Mejor dicho, sí lo tienen, según el proyecto de vida del ingeniero. Si uno tiene una empresa en la que los obreros se ganan 1.500 pesos al día y la gente tiene que comprar lo que uno le vende (pongamos que sea en la construcción), puede que más bien le preocupe que por ejemplo aparezca una empresa coreana que se instala en Colombia. Para el obrero puede significar triplicar el sueldo en pocos años, pues una empresa grande necesita gente especializada y para las dimensiones de su negocio unos sueldos de 4.500 pesos al día no son ninguna pérdida si el trabajador es muy productivo y ya sabe lo que tiene que hacer.

Puede ser que el ingeniero tenga sueños de hacer las cosas muy bien para ganar mucho, pero la tradición no favorece eso porque la sociedad colombiana viene de donde viene. Si es un asalariado, puede ser que gracias a sus conocimientos y a su aptitud consiga un buen empleo en la empresa coreana, aun bajando de categoría profesional. Y puede que al cabo de un tiempo aprenda muchas cosas técnicas de su trabajo y de organización empresarial y se lance a otro proyecto por su cuenta. Incluso puede volverse proveedor de la empresa coreana, cuyo negocio estará más claro cuantos menos contratos laborales tenga. (Pero por desgracia en las últimas décadas esa clase de gente preparada ha dejado el país.)

Pero la verdad es que la mayoría de las personas preparadas sueñan con tener una renta sin problemas, sin exigencias, con mucha consideración social, con acceso a las relaciones más privilegiadas, con gran disponibilidad de tiempo, sin jefes extranjeros ni competidores que hagan las cosas mejor…

Y esa clase social anda pensando en que el Estado organiza determinados proyectos para joder a Dell y a Intel gracias a un invento nacional y para eso contrata a cientos de científicos y sabios y organizadores y educadores y preparadores y comentaristas y enlaces y antropólogos que viajan a Corea a ver qué hicieron los coreanos… ¿Cómo van a hacer si no?

Eso en el lenguaje marxista de primer semestre se llama “intereses de clase”. Las clases sociales se forman en siglos y poco a poco adquieren conciencia de su interés. El hombre que bolea ladrillo suele venir del campo y carecer de instrucción, y sobre todo no entiende el mundo. Puede que su hijo, si el alcohol o la violencia no le impiden desarrollar una familia, llegue a cierto grado de instrucción (por eso son tan útiles las Iglesias evangélicas) y tendrá un mejor trabajo: la ambición de ser rico y al mismo tiempo de vivir en un mundo tranquilo y ordenado. En la medida en que se hace mayor y tiene hijos se da cuenta de que no se va a librar del trabajo y que lo que necesita es rentabilizarlo. Ésa es la clase de los productores.

Bueno, ésa es la pelea de la política en Colombia y el cuento de los paramilitares es una cortina de humo para condenar la democracia política y la economía de libre empresa. A los paramilitares que los persigan todo lo que quieran y a Uribe que lo reemplace otro gobernante que esté mucho más dispuesto a favorecer a los productores porque con el crecimiento económico se benefician todos.

Mientras escribía el último párrafo pensaba en Mockus y en la gente que lo sigue. Con los del PDA ese interés de clase es mucho más marcado, pero por ejemplo Mockus es un señor que piensa que convencerá a los empresarios de pagar más impuestos y que con pedagogía y un poco de “iluminación súbita” (lo que buscan los que practican el Zen), se remediarán los problemas. Y lo que hace falta es que se creen más empresas y que deje de haber impuestos por contratar gente y sueldos del primer mundo por hacer propaganda de los propios intereses políticos.

Me perdonarán pero todo el conflicto armado colombiano es eso mismo. Lo dicen personajes como el escrito William Ospina, por ejemplo en el texto que enlacé. No son los paramilitares y son la coca. Los enemigos de los paramilitares podrían pedir que el Estado los castigue completamente y que a los guerrilleros los deje completamente impunes. Pero no es eso, lo que quieren es que a los guerrilleros los premien. Pero tampoco es eso. Sería más barato premiarlos y que dejaran de delinquir. El problema es que con democracia política tiende a predominar el sistema de libre empresa y racionalidad económica y esas clases quieren ir a un sistema como el cubano.

A Uribe le cargan las calumnias sobre el paramilitarismo porque aglutina a la gente que quiere ir hacia una sociedad liberal. Ése es todo el punto, y la relación que tiene todo eso, que ya se sabe, con el “nosotros” del gerente es que la mayoría de los colombianos tiene pocos intereses compartidos con esa gente. Los individuos y las familias quieren prosperar. La mayoría prosperará con un programa liberal. Eso le quitará dominio al clero de la prensa y las universidades.

Ése es todo el conflicto. Por eso las discusiones se vuelven tan violentas, por eso la vida misma es tan violenta. Porque hay privilegios que se defienden.

Comentario por Jaime Ruiz




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